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COVID 19: Pandemia y nuevo aprendizaje

Cualquiera que para de aprender se hace viejo, tanto si tiene 20 como 80 años. Quien sigue aprendiendo permanece joven. Esta es la grandeza de la vida (Henry Ford).

COVID 19: Pandemia y nuevo aprendizaje
Coronavirus
RRHH

Por Miguel del Cerro, Director de Recursos Humanos de Nimgenetics.

Estamos viviendo momentos muy difíciles, extraños, únicos. La pandemia provocada por el COVID 19, ha cambiado sustancialmente la vida de todos, nuestra forma de relacionarnos, la utilización del tiempo, la gestión de nuestras emociones al estar confinados, la valoración de lo importante, la creatividad ante la monotonía, en definitiva, nos ha puesto delante una nueva escala de valores.

Asistimos a cifras y estadísticas impensables apenas unos meses atrás, conocemos muertes que tan sólo escuchábamos en alguna de las noticias perdidas en la cola de lo importante y referidas a países lejanos. Pensábamos que nunca ocurriría algo así en nuestro entorno y eso nos tranquilizaba, nos dotaba de una sensación de seguridad que ahora, de pronto, se ha derrumbado como un castillo de naipes. El miedo y la incertidumbre nos han hecho sentirnos más vulnerables, dotándonos de un especial sentido de las cosas.

Pero de esta situación, como en todas las circunstancias de la vida, deberemos extraer aprendizajes que nos hagan más fuertes, más resistentes y, en la medida de lo posible, más sabios, tanto desde el punto de vista personal como profesional.

Si a título personal esta situación está transformando radicalmente nuestra manera de entender lo cotidiano y lo importante, desde un punto de vista profesional, las empresas se han visto inmersas en un cambio tan profundo y radical que a muchas de ellas les está costando su propia supervivencia.

Aquellas organizaciones que no han sucumbido ante este hambriento devorador de vidas y puestos de trabajo en que se ha convertido el COVID 19, han tenido que implementar medidas excepcionales, hasta ahora desconocidas en su magnitud. De la noche a la mañana, un amplio porcentaje de personas que trabajaban cotidianamente en oficinas y despachos, han tenido que hacerlo desde sus hogares algo que, en muchas ocasiones, se ha producido sin experiencia y aprendizaje previo.

Por supuesto, no hablamos de aquellas empresas que, lamentablemente, han tenido que echar el cierre a su actividad, en un drama económico, social y laboral sin precedentes, ni tan siquiera de aquellas a las que esta situación les ha obligado a implementar ERTEs o, inclusive, desvinculaciones. Todo ha cambiado radicalmente y esta situación nos ha obligado a empresas y trabajadores, a adaptarnos a una nueva realidad.

Con este panorama y teniendo una visión estratégica de lo que está ocurriendo y de lo que está por llegar, debemos dejar de lamernos las heridas y adoptar una posición proactiva ante el futuro incierto que se avecina. Tendremos que asumir retos de tal magnitud, que aquellas empresas que no sean capaces de afrontarlos y adaptarse a los nuevos procesos de cambio posiblemente pondrán en peligro su propia supervivencia.

Hasta ahora se hablaba de que las empresas debían orientarse hacia procesos de Transformación Digital hoy, ha sido la Transformación Digital la que ha ido en busca de las empresas, y aquellas a las que no ha encontrado, posiblemente no las vuelva a encontrar más.

Son varios los retos que debemos asumir en mayor o menor medida, cuyos aprendizajes estarán marcados por el histórico que cada empresa haya asumido en el pasado y con la visión de futuro que cada una diseñe ante esta situación.

El reto de implementar amplios programas de teletrabajo es, quizá, el más palpable y manifiesto dado que gran parte de los españoles nos hemos visto recluidos en nuestros hogares y, por fuerza mayor, empresas y trabajadores, hemos tenido que asumir el teletrabajo como una forma irreversible de mantener a flote nuestras organizaciones. Si alguien tenía reticencias ante esta forma de trabajar debería ir pensando en que, ésta, se va a convertir en una forma habitual de trabajo.

Conviviremos, eso sí, con un modelo mixto en el que parte de la jornada la realizaremos desde nuestros hogares y parte en la propia empresa. Se impondrán, definitivamente, modelos flexibles de trabajar. Evidentemente, habrá empresas que, debido a su actividad, deberán enfocar este aspecto de una manera específica (centros de producción, laboratorios, etc.)

Asociado a este reto, las empresas deberán realizar (aquellas que no lo hayan hecho con anterioridad) importantes inversiones en sistemas tecnológicos que favorezcan estos nuevos modelos de trabajo, apostando por la conectividad y la capacidad de la VPN corporativa, como forma de garantizar la protección de los datos relevantes en entornos remotos. Como es sabido, la transformación digital no es simplemente la implementación de sistemas tecnológicos, sino que, asociado a ellos, se generan nuevos modelos de relación con el mercado, con los clientes, con los proveedores y con el resto de stakeholders, dentro de un importante y profundo cambio de la cultura empresarial.

Estamos asistiendo, dentro del drama sanitario y humano de esta pandemia, a cómo la tecnología ha favorecido que familiares, amigos y seres queridos hayan podido combatir, en muchos casos, una soledad que gracias ella, ha sido menos gravosa. En las empresas, la tecnología ha favorecido que los niveles de productividad no se hayan desplomado drásticamente. Pero siendo la ésta, un factor decisivo para afrontar el presente y el futuro, debemos entender que solo con la tecnología no basta. Una empresa no puede convertirse en una red de terminales tecnológicos al final de los cuales existen personas. 

En tal sentido, deberemos establecer, como un reto decisivo, potentes sistemas de comunicación corporativa que permita cohesionar a las personas que se sitúen en posiciones de trabajo remoto. Hay que comunicar, cuanto más mejor, continuamente y de manera decisiva. La comunicación es otro de los retos que deberemos asumir si queremos que esta nueva forma de trabajar sea efectiva y humana. No podemos deshumanizar la empresa en aras al uso de la tecnología. Con este entorno mixto de trabajo, deberemos potenciar competencias asociadas al cambio digital. Desde directivos hasta operarios, tendremos que aprender nuevas formas de ser efectivos y eficientes.  

La economía colaborativa, los sistemas de conocimiento compartido, el aprendizaje digital, el pensamiento crítico, el desarrollo de habilidades tecnológicas, tendrán que enmarcarse dentro de un nuevo concepto de cultura empresarial en la que los modelos de liderazgo, deberán fundamentarse en el pensamiento estratégico, la visión de negocio en entornos cambiantes, la visión analítica de la actividad empresarial, la clara orientación hacia la transparencia, la ética y la inteligencia emocional para abordar la incertidumbre, la comunicación sistemática y en una gran capacidad de negociación y flexibilidad que ayude a solventar los momentos difíciles por los que, seguro, atravesaremos la mayoría de las empresas.

Evidentemente, a corto plazo, las áreas de prevención de riesgos laborales tendrán un protagonismo especial a la hora de diseñar procedimientos, protocolos y medidas sanitarias que favorezcan el desarrollo de la actividad laboral y minimicen los riesgos de contagio. Se sentarán las bases, a partir de la pandemia del COVID19, de protocolos de actuación ante posibles y no descartables futuras pandemias.

Y me reservo para el final un factor que me apasiona y que, creo, será también un importante reto que las empresas deberemos abordar de manera decisiva. Me refiero a la gestión de la diversidad generacional. 

Este punto daría de sí para escribir y pensar profundamente. Tan solo me gustaría apuntar una reflexión. En un entorno tan tecnológico y digital, cambiante e incierto en el que se aproximan cambios de un calado que apenas podemos vislumbrar, ¿cómo hacer que generaciones tan dispares como los baby boomer, cuyos valores, entre otros,  están basados en la responsabilidad, la constancia, la perseverancia, el valor del esfuerzo y del trabajo bien hecho, la honestidad, la experiencia y el conocimiento acumulado, convivan de manera efectiva con jóvenes generaciones cuyos valores se orientan hacia la innovación, el desarrollo personal, el trabajo en equipo, la tecnología como elemento fundamental en sus vidas , así como la impaciencia, el sentido aventurero de la vida y el desarrollo personal?

¿Cómo hacer que la experiencia de unos y el ímpetu de los otros, se alineen para potenciar el valor de las empresas?, ¿cómo integrar la responsabilidad y el sentido aventurero, o el espíritu de sacrificio con una cultura digital casi genética sin que nadie quede fuera de la ecuación?

Hoy más que nunca, la situación que estamos viviendo y que viviremos en un futuro inmediato, hace que este factor sea claramente estratégico para que las organizaciones sean capaces de crear modelos de integración generacional que se conviertan en motores de impulso ante el cambio, aunando lo mejor de cada generación (baby boomers, generación X, generación Y, generación Z) y estableciendo programas que a través de la integración de las diferentes generaciones, permita afrontar los cambios que se avecinan con la seguridad de que todas las personas de la organización, independientemente de su fecha de nacimiento, tengan la posibilidad de aportar, a través de sus valores, experiencia y conocimientos,  lo mejor de sí mismas, cohesionados entorno al diseño de modelos predictivos que permitan afrontar el futuro con mayor garantía de éxito.

Asumiendo la gran tragedia sanitaria y humana de esta pandemia, deberemos de reflexionar sobre muchas de las cosas que hemos venido realizando hasta ahora y extraer de esta situación aprendizajes que nos ayuden a hacer mejor las cosas y a reconstruir una nueva escala de valores que nos permita asumir los importantes cambios que se avecinan.