Otros/sector

¿Nos tomamos el pulso emocional?

Artículo de opinión escrito por Vivian Acosta, socia de nuestro aliado Talengo

¿Nos tomamos el pulso emocional? - Talengo
Coronavirus

No podemos elegir las emociones que sentimos, pero… sí podemos elegir permanecer en esa emoción a la vez que determinar la intensidad de la misma y, sobre todo, podemos ayudar a los equipos a entender el porqué de determinadas emociones y cómo gestionarlas.

El COVID-19 ha sorprendido a la mayoría de nuestros líderes y directivos con ignorancia emocional. Durante mucho tiempo hemos negado que las emociones tuvieran un espacio en el mundo laboral. Cuando hemos empezado a abrazarlas con tendencias como el wellbeing o el mindfulness, nos encontramos que no sabemos cómo trabajar con las emociones de los demás, cómo ayudar a las personas a transitar de emociones que bloquean y no dejan avanzar a emociones que aceptan la realidad y abren oportunidades para intervenir en el mundo que nos rodea.

En este contexto surge una nueva necesidad de determinar cuál es el estado emocional de nuestra organización. Según la investigación The Emerging Role of Emotions in Work Life, en el ámbito organizacional, los estados emocionales se expanden en tres niveles: dentro de la persona -como individuo-, entre dos sujetos y a nivel grupal.

Según estudios de Mayer, Salovey & Caruso, las personas que procesan mejor la información afectiva, comprenden las posibles causas y consecuencias de las emociones, desarrollando estrategias para regular o manejar los estados emocionales. Este proceso cognitivo-emocional nos permite centrar nuestra atención en la solución de problemas, facilitando además un funcionamiento personal y social más adaptativo y, como consecuencia, se obtienen mayores niveles de engagement, implicación e ilusión en el trabajo. 

En los últimos años ha aumentado el número de investigaciones que demuestran el impacto de las emociones en el entorno organizativo. La conclusión es contundente: los estados de ánimo inciden directamente sobre el rendimiento, la toma de decisiones, la creatividad, la capacidad de trabajar en equipo y el liderazgo. Por ello, dedicar tiempo y esfuerzo a conocer y gestionar el estado emocional de nuestros profesionales, sobre todo en situaciones como la crisis provocada por el COVID-19, parece fundamental de cara a promover el desempeño y el engagement de nuestros equipos.

Nuestro cerebro está ahora mismo sometido a grandes presiones. La pérdida de libertad, es una de las situaciones más nocivas que altera nuestra salud emocional. Aparecen emociones como el miedo a lo desconocido, miedo totalmente natural en este contexto. Las reacciones fisiológicas al miedo son tres: huida, ataque y parálisis. 

En el contexto actual, las dos primeras están confinadas y excluidas de la ecuación, no podemos activarlas desde nuestra casa. Sólo nos queda, por tanto, el tercer mecanismo: la parálisis. Con ella comenzamos a activar pensamientos negativos y rumiantes, que nos llevan a recorrer distintas emociones como la ira y la rabia que nos hacen estar a la defensiva con personas o en situaciones que no corresponden. La ira nos conduce a resistirnos al cambio como si ése fuera el enemigo a batir. Aparecen los fenómenos de culpa hacia uno mismo y hacia los demás. La culpa como emoción exige reparar el daño causado. Cuando es hacia uno mismo afecta nuestra autoestima, cuando es hacia los demás exige reparar algo que a veces no es tan obvio. La culpa se adhiere a la persona que tiene esa emoción pero no se conecta con el otro, por eso en muchas ocasiones degenera en resentimiento: “lo que los demás debían haber hecho y que no hicieron”. El resentimiento es una de las emociones consideradas más dañinas del clima emocional y laboral en una organización.

Por último, cuando estamos en parálisis como única respuesta posible, podemos sentirnos abatidos, tristes y sentimos que no podemos hacer nada para cambiar las cosas. Esta situación nos lleva a la resignación y a la desesperanza y está demostrado que ambas provocan caídas de un 18% de nuestro sistema inmunológico. Conocer en qué momento emocional se encuentra nuestra organización es clave para identificar qué aspectos se deben accionar, cambiar, modular o enseñar.

Las organizaciones y sus líderes tienen hoy una gran responsabilidad: ayudar a los profesionales a comprender el momento actual, entender y validar sus emociones (la negación de las mismas no hace sino incrementarlas) y ayudar a transitar hacia emociones de aceptación y ambición. Desde estas emociones podemos reinterpretar nuestra situación desde un plano protagonista, eligiendo los aprendizajes, nuevos retos y desafíos y despertando la curiosidad por el futuro.
 

Vivian Acosta

Socia de Talengo